Servidumbre y Elecciones

Hace casi una estación que no escribo. Pasó el invierno en el Folly: creciendo, y por suerte, con la calefacción arreglada. Salimos al embarcadero o al parque a ver a los patos con sus nuevas crías. Vera es toda emoción. También les echamos de comer desde las ventanas de casa. Vera mordisquea el pan y luego lo lanza firme. Reconozco que cuando de noche la despiertan, especialmente los gansos canadienses peleones, mi imaginación me transporta a un buen magret. Y así llegó la primavera. O eso dicen. Los escaparates de las tiendas de ropa – abarrotados de prendas rosa fosforito hasta el empacho – lucen, desde hace semanas, una amplia gama de bikinis y bañadores. O son muy optimistas por estas tierras o los charters ya van llenos. La primavera también ha traído consigo muchas elecciones. Cameron arrasó en las votaciones del Reino Unido. Arrasó tanto como sus políticas oprimen a la clase trabajadora británica y están convirtiendo este país, a pesar de los campos verdes, en tierra quemada para millones de personas, que ven recortados sus sueldos y sus sueños, las ayudas y los servicios sociales. Y por lo que parece, aquí poco sucede en las calles y en las plazas.

Para Graebber no es cierto que el mayor producto de exportación inglés sean las finanzas. Según este pensador, el mayor simbólico que exporta el Reino Unido es la servidumbre. La gran derrota de la clase trabajadora – tan creativa como servil – es lo que se exporta. Y es cierto. A los pocos días de su victoria el nuevo gobierno anuncia una reforma migratoria que resuena a épocas de expulsiones judías y que debe enmarcarse en su lucha por el espacio del partido racista y sexista UKIP y en la salida de la Convención internacional de los Derechos Humanos que apoya parte del partido conservador. Buscan multar a quienes alquilen pisos a personas indocumentadas y, ojo al dato, confiscar los ingresos de quienes trabajen sin papeles. El ingreso de los extranjeros subió en 2014 más de un 20% y, saquear los sueldos a las personas sin papeles británicos – o ¿comunitarios? – aportará amplios beneficios a las arcas del país. Un infierno, el paraíso pirata capitalista, despiadado e inhumano.

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Y más elecciones en la península. Tampoco de ellas podemos participar. Da rabia, porque son un instrumentos más que nos gustaría poder utilizar. A lo lejos, brillamos, bailamos a ritmo de run-run y nos emocionamos con tantas amigas en listas, en proyectos ilusionantes – ¡por fin! – y en posibilidades ciertas. Todavía lo son hoy, en sábado de reflexión. Los crowfundings, el activismo, las primarias y largos procesos de trabajo colectivo desde el terreno, así como muchas reflexiones e iniciativas feministas dentro de las candidaturas – Barcelona y Madrid, son exponentes – podrían significar el inicio de la transformación de las instituciones en nuestro contexto. Una buena hoja de ruta para lugares perdidos como este. Un cambio en los designios de muchas personas que sufren día a día. Sí se puede – Nosotras pasaremos. El lunes, es Bank Holiday en estas tierras. Los bancos no abren, ergo, el Reino Unido cierra. Ojalá el Folly se ponga de fiesta.

Marinos piratas, capitalistas desalmados

Oxford no es ciudad para bebés.

Perdí la cuenta de en cuántos pisos nos llegaron a rechazar: 11, 12, seguramente serían 13. “Single occupancy, only”, “la casa no está equipada para criaturas”, “el dueño no quiere niños en su propiedad”. Todo lo que a duras penas podía pagar nos era vetado. Y somos demasiado pobres para acceder a lo que pretendían que pagásemos. “Miente”, me aconsejó el alumno de la universidad que me atendió en la oficina de alojamiento: “No digas que eres madre”.

Visitamos la oficina de atención ciudadana – a cargo de personas voluntarias; aquí el estado es raro-. Allí conocí a una exiliada palestina y a dos de sus tres criaturas. El voluntariado nos derivó a una ONG, www.shelter.org.uk. En estos meses ingleses me he dado cuenta de que uno de los conceptos que más les gustan a lxs británicxs es ‘charity’. A mi me choca. La caridad la vinculo a la acción de la iglesia. No digo que sea mala en sí misma, pero prefiero la justicia social. Si existe, el estado es el que debe ocuparse de redistribuir riquezas y privilegios. Total, que aquí cualquier actividad que se precie es de caridad, y muchas asociaciones gustan de etiquetarse bajo su dudoso prestigio. En esa caritativa organización, me comentaron, sin esbozar sonrisa alguna, que el gobierno británico podía acusarme de hacerme la ‘sin hogar por interés’. Como venía de tener un domicilio en Barcelona – a veces está bien tener un techo bajo el que cobijarse y más con un bebé – podrían suponer que había venido a Oxford para que la caritativa sociedad inglesa me alojara por la jeta. A todo esto, siendo ciudadana comunitaria y con un contrato laboral. ¿Supondrían que venía a disfrutar del sol?

Tras mucha desesperanza y varias visitas a codazos, apareció una mañana nuestro piso del Támesis. La Salter Brothers Yard está en esta isla del Folly Bridge que casi entera pertenece a los hermanos de marras, y nunca mejor dicho. Todo el mundo los conoce en Oxford y en sus alrededores. Desde el 1858 tienen una amplia gama de embarcaciones que hacen las delicias de turistas durante gran parte del año y de fiesterxs los fines de semana. En uno de sus barcos navegó Lewis Carroll junto con Alicia y el resto de criaturas y amigos de aquel viaje iniciático. Los Salter Brothers son una familia de usureros: marinos piratas, capitalistas desalmados.

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La belleza del lugar queda empañada – literal – por nuestras ventanas que no abren. Simples, como de barco. Nada de doble cristal. La calefacción, eléctrica, no funciona y las paredes son de papel. Dos sillas – una rota -, una mesa y un insufrible sofá-cama (des)visten el comedor. El colchón, nuevo, – pues insté a que lo cambiaran- es de una calidad ínfima. No tenía ni idea de que este tipo de colchones todavía pudiera adquirirse hoy en día. Los muelles se clavan como punzadas. Todo ello por el módico precio de un pastón de muchas libras.

Las ratas del patio parece que son algo común en Inglaterra, y las arañas buscan tejer a sus anchas. Los días de otoño las ventanas que dan al Támesis amanecían envueltas en sus telas. Yo abría lo que podía las ventanas y se las deshacía como una Ariadna chunga. Sin lastimarlas, pues por estos lugares se dice que trae mala suerte matarlas. Y por fin está la babosa. Prefiero pensar que es sólo una. En septiembre, armada de valor y un rollo servilletas de papel conseguí aniquilar a una que aparecía en la cocina. La babosa es un bicho nocturno, como mínimo la que vive en casa. Y por mucho que le eche coraje para ir tras ella algunas noches cuando Vera me despierta, no consigo dar con la que se pasea por el salón. Deja un rastro de caracol y es repulsiva, pobre. Pensaba que el frío terminaría con ella, pero hoy volví a ver su recorrido cerca de la puerta de la entrada. Entre unas cosas y otras, no gano para toallitas húmedas. Apuesto a que Radiohead, autóctonos ellos, compusieron su canción aquí, junto al Folly Bridge. A mí me resuena.

Vera es la Tierra

Nuestra casa es mitad barco. Cuando el agua arrulla es como una mecedora. Y Vera duerme. Las barcas y las canoas pasan junto a las ventanas y su murmullo sosiega. No es como el sonido del mar – “el mar amado, el mar apetecido” – es un tintineo que acuna almas embravecidas.

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Pensaba yo que, tras escribir un post de lavadoras mil y vómitos infantiles, ya estaba inmunizada. No se puede repetir tema. Menuda cándida. Ayer tuvimos la fiesta del colmillo. En esa juega no hay quien se lo pase bien. La que tiene que tomar las drogas como una energúmena, no las prueba. Y la cuidadora aceptaría de buena gana todo el dolor para ella y se tomaría el frasco de un trago. La llegada de los primeros dientes se celebra con jolgorio y emoción. ¡Mira qué agujitas! La criatura muerde la teta, pero – como mínimo en el caso de Vera – apenas hay dolor y sí muchas ganas de morder y de comer ya de forma autónoma. Los colmillos son de rompe y rasga. De furia, de truenos y de gritos descontrolados. A saber cómo son las muelas…

El título de este escrito se lo debo a mi Susana Koska. Según nuestras conversaciones, este post también podría haberse titulado: “Espitosa de Besos”. Supongo que hubiera tenido más contexto si en vez de pasarme la velada del sábado en la fiesta del colmillo hubiera estado con Sasa, Superser y Nazare escuchando a los Silver Apples en Brighton. No me quejo. Vera es la Tierra. Y me gusta y me apetece nutrirla de besos y caricias cuando los quiere y más cuando los necesita. Tanto como ese paracetamol de fresa. Mi nevera dice en un imán regalo de otra amiga, Patricia: “My Friends are my Estate” (Emily Dickinson). Y os echo a todas de menos. A las que salís por aquí hoy, y a las que pronto os pasearéis por el Folly.

https://modernartoxford.org.uk/event/love-is-enough-william-morris-andy-warhol-curated-by-jeremy-deller/

Espitosa de besos es un título fantástico para un texto. Tal vez lo recuerde cuando escriba acerca de la super expo que fuimos a ver ayer antes de la party. “Love is enough”, una mezcla explosiva y genial de William Morris y Andy Warhol. Como decía mi vecina: Una exposición digna de Londres. No sé muy bien como asimilarlo. Pero como volveremos, mucho habremos de escribir sobre, especialmente, Morris. “Agitate, Educate, Organize” se lee en uno de los panfletos de William Morris de la Socialist League Office. Tenemos “Las relaciones entre el Arte y el Trabajo” en casa. Lecturas para noches de colmillos y quien sabe, tal vez también besos.

Love is Enough – William Morris

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Love is enough: though the World be a-waning,

And the Woods have no voice but the voice of complaining,

Though the sky be too dark for dim eyes to discover

The gold-cups and daisies fair blooming thereunder,

Though the hills held shadows, and the sea a dark wonder,

Yet their hand shall not tremble, their feet shall not falter;

The void shall not weary, the fear shall not alter

These lips and these eyes of the loved and the lover.

Promesas

He prometido pasar dos semanas sin criticar Inglaterra. Tengo que añadir que lo decidí la semana pasada, así que la próxima podré volver a la carga. Esto, por tanto, excluye el tema del tiempo. Así que este es un escrito de algunas de las bondades británicas y de Oxford, que no se diga.

Hace unos días ya hice otra promesa. Esta vez fue una medieval. Una promesa, en voz alta y con testigo, de no hacer barbaridades varias en la Biblioteca Bodleian. Una maravilla que contiene, dicen, todos los libros que se han escrito en lengua inglesa desde hace siglos y cuyos inicios se remontan al 1320. Entre otras, prometí no encender fuego, pero también no fumar en su interior; algo no muy medieval. Le comenté a quien me tomó juramento y me dijo que lo iban actualizando, lo que me dejó más tranquila.

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Y el otro día le regalaron a Vera unos libros. Fue en su revisión médica anual. Todo un detalle de aniversario. Pero además para mi asombro más absoluto: ¡no la midieron! Y no lo hacen con ninguna criatura hasta que no cumplen los 2 años. ¡Qué diferencia con la obsesión percentílica de la gran mayoría de lxs pediatras peninsulares y su necesidad de meter a todxs lxs bebés dentro de unos márgenes! Cuando le comenté a la enfermera que si no utilizaban ‘las tablas esas’ , se apresuró a buscarlas y a situar a Vera en ellas. Creo que lo hizo porque yo estaba ahí flipando. Igual el tema me parece alucinante porque Vera está en los márgenes del peso. Si a los cuatro meses la doctora nos recetó que le introdujésemos la leche con jeringuilla – cosa que por supuesto no hicimos -, yo no sé ahora lo que le darían a Verita. Y eso que hasta que no fue al jardín de infancia no estuvo enferma. Pésala una vez al mes, me recomendó la pediatra. Qué alivio.

Ya decía en algún otro post que en Oxford la mayoría del estudiantado es pijo, de ‘clase alta’ vamos. Mi patio da para mucho, y menos mal (aquí vendría un comentario sobre el tiempo). Hoy paseaba una pareja de chicos y de vuelta del embarcadero iban comentado: ‘el dinero no es lo más importante, pero que bueno es tenerlo’. La frase es literal, pero la han pronunciado en inglés, claro. Ahora voy a asumir que la mayoría de ricxs votan a lxs conservadores. Pues aquí los estudiantes no votan, ejercen su derecho al voto en sus hogares de origen, porque en el consistorio de Oxford, en el Town Council no hay ni un Tory. De hecho, hay una aplastante mayoría laborista y algún que otrx liberal perdido en una maraña de acólitxs de Miliband. Miré y rebusqué en la composición del ayuntamiento, y nada, ni rastro. En el Reino Unido la crisis de la socialdemocracia también está haciendo estragos, pero imagino que, sin alternativas tangibles en la (antigua) izquierda, se continúan volcando esperanzas en el laboralismo. O tal vez, son tan similares a lxs tories que le están quitando votos en ciertas ciudades. De hecho, una militante laborista, me decía horrorizada que su partido está en contra de las vindicaciones de lxs estudiantes por la enseñanza universitaria gratuita. Demandas que, por cierto, se han hecho sentir en las calles de varias grandes ciudades británicas en las últimas semanas y están siendo duramente reprimidas. ‘Students and Workers Unite’ rezaban algunas de las pancartas, sea.

De ratas y besos

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Revuelta en el frenopático. Por el fin el CIS ha hablado. El bipartidismo hace aguas. Eso es una buena noticia. La pobreza, el paro y la corrupción campan a sus anchas, eso sigue siendo devastador. Pero hay conciencia de ello. Si no fuera por la miseria y la desigualdad, la situación es emocionante. Más que una hora de retraso con el reloj oficial de gran parte de la península, se diría que llevo una semana. Pero es que he estado midiendo la capacidad humana en poner lavadoras. Parece infinita. O tiene que serlo, si tienes a una pequeña con un virus regalo de guardería.

¡Tantas cosas han sucedido! Incluso ha llegado y ha pasado el 9N. Más allá del resultado, me produce alegría la movilización política y social por algo que es legítimo. A pesar de que el (des)gobierno catalán va a seguir recortando, a pesar de que quiénes no estaban a favor de la independencia apenas se han acercado a una urna, y a pesar de que si hubiera podido votar me hubiera pronunciado con un no/sí. Es decir, un nulo directo. Es decir, en una consulta de tales características me hubiera podido la vena libertaria de badalonina de inicios del siglo XX. El no/sí por muy nulo que parezca, incluso podría argumentarse desde criterios de Ciencia Política. Tanto o más que el orden de las preguntas oficiales. Pero tengo que ir a colgar una lavadora y todavía quiero escribir algo sobre los resultados del CIS.

Aquí, sumergida en este vientre que reproduce líderes capitalistas, salgo un momento al patio del vecindario y creo ver correr una rata. Por suerte es una hoja otoñal. No es paranoia. Hay muchas ratas cerca del río, esperando a que caiga la noche. El ayuntamiento del lugar dice que hacen lo que pueden por atajar la plaga. La conexión Oxbridge como la llaman– uniendo Oxford y Cambridge en metáfora de dominio – es la hegemonía del Reino Unido. Es su casta. También veo cosas raras y más ratas de la cuenta porque estoy cansada. Hace unas semanas fuimos a la Oxford Union para ver unos murales pre-rafaelitas. Un club privado donde se han reunido gran parte de los primeros ministros del país cuando estudiaban en esta ciudad. La librería con los frescos de William Morris, Dante Gabriel Rossetti y Edward Burne-Jones apenas estaba ocupada. Toda la juventud, ataviada con túnicas negras, estaba en el bar; encima de las mesas jaleaban como lxs hooligans pijxs que son.

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Las ratas en el Estado español también han campado a sus anchas durante muchos años en las instituciones políticas. La sociedad está hastiada de tanto ladrón entre quiénes se supone que debían gestionar lo público. Ojalá seamos capaces de construir modos de hacer distintos, desde la base, y sin caer en la tentación de pensar que todo lo político y todas las alternativas, tan sólo se encuentran en la esfera institucional, en la política de partidos. Escuchaba no sé donde que desde que Podemos se alza como una de las fuerzas con posibilidad de gobierno, la conflictividad social ha disminuido. No es que crea que la conflictividad es buena per se, pero en la situación de emergencia que vivimos, lo raro sería que no existiera. Mil artículos sobre esta formación emergente se escriben cada día. Por mi parte me gustaría ver cómo se puede dar la vuelta al sistema de partidos a partir de una redefinición real, democrática, participativa e inclusiva desde la oportunidad sin igual como es la fundación de algo que puede ser diferente y bueno.

Cuando todo está por hacer, todo es posible. Vera ya da besos. Siempre que quiere, faltaría más. El primero se lo dio a un bebé cerdito en la pantalla del móvil. El segundo le tocó a su madre.

Por la Izquierda o por la derecha

Vera ya dice mamá, papá y teta, además de ‘da’. ´Da´ – ‘aquí’ en alemán- lo chilla en el bus, en la cama y jugando en cualquier lugar al descubrirse tras sus manos. Vera dice todo eso, aunque apuesto a que todavía no sabe lo que significa. Porque las fresas también son ‘mamá’ y los patitos del baño algunas veces ‘papá’.

Lo mismo le sucede a Susana Díaz, que dice ser de izquierdas, pero diría que tampoco sabe lo que significa. Si lo supiera, hubiera permitido a su contrincante presentarse a las primeras y sobre todo no hubiera desalojado la Corrala Utopía plagada de familias monomarentales y personas sin recursos. El PSOE ataca a Podemos porque dicen no ser de izquierdas ni de derechas. Decir que ‘son los de abajo’ es una estrategia complicada, pero resuena. Se oye en los movimientos sociales que llevan tiempo con ese sentir. Se lee en sus textos, en sus proclamas en las calles, y también en muchas pintadas. En 2011 la indignación decía:

“Las feministas indignadas queremos hacer llegar nuestra solidaridad al barrio del Forat, que siempre ha opuesto resistencia a la violencia de los de arriba, y que en estos momentos está́ recibiendo un acoso policial sistemá́tico.”

La crisis que vive la socialdemocracia desde hace décadas es una de las razones por las que prefieren clamar contra el sentir de sus votantes potenciales – que es lo que les interesa, lxs votantes – antes que revisar las vías que emprenden y los caminos que dejan sin recorrer. Entre los espacios olvidados se encuentran los barrios. Hace años que dejaron a su suerte, o en manos de caciques barriales muchas zonas deprimidas de los – hasta entonces- cinturones rojos. El resultado, fue el aumento de las desigualdades, la propagación del racismo y el incremento del voto al PP. Cualquiera que viva o se acerque a un barrio de Badalona – donde el peor PP campa a sus anchas en el ayuntamiento – o hable con sus habitantes, podrá entender a qué me refiero. Tras muchos años de desgobierno socialista, tienen una responsabilidad de que esa parte importante de la ciudadanía entienda a la inmigración como una amenaza y una competencia. Pero lo cierto es que, al fin y al cabo, migrantes de los 60 y actuales siguen siendo y son ‘lxs de abajo’ y lo que hay que tejer es solidaridad y no desencuentros. Fomentar la participación de todas, poner un altavoz a sus demandas, permitir y promover los discursos emergentes de cambio social.

Así que pueden continuar tachando a Podemos de populista y fascista, pero continuarán enmarañados en su propia ceguera o mentira.

Por mi parte, siempre he tenido la sensación de ir por el lado contrario del que debiera. Y ahora, en Inglaterra, ese palpito se confirma. En la Universidad por los pasillos. Al subir y al bajar escaleras. Por la calle. Con el carrito de bebé y sin él. Intento ir centrada, pero no siempre lo consigo, y me doy y me dan de tortas todo el rato. Ya no sé, en lo espacial, si se sube por la izquierda y se baja por la derecha o si es al revés. En cuanto Vera se despierte, nos vamos a un encuentro feminista en Oxford, a ver si rellenan de contenidos tantos conceptos usados y nuevos: Gender & Class & Race. ¡Qué monazo de acción tengo! Seguro que nos aclaran algo…

Cumpleaños feliz

Vivimos en el Folly Bridge. En una diminuta isla del Támesis en el corazón de la ciudad. Aquí Alicia inició su viaje al país de las maravillas; Bacon, difundió la alquimia árabe y Turner dibujó el paisaje antes de que sus pinturas fueran turbulentas.

A mi me apetece escribir sobre el ‘nuevo dilema’ eficacia vs democracia ;), la violencia económica y social y acerca de cómo conseguir una justicia de género. Pero también tiene razón el abuelito Antonio cuando dice que Vera se merece un diario. Así que sea. Envueltas en agua y bajo la lluvia. En el primer cumpleaños de Vera, hoy que ha dado unos pocos pasos sola, comienzo a relatar sus andaduras por esta vida. Y como últimamente no tengo tiempo ni para llorar, encontraré la manera de combinar su diario con mi voz. Por lo pronto, hay que publicar el parto político de mi hija. Hasta pasadas 24 horas tras romper aguas, no se decidió a salir. Cuatro minutos antes de la media noche

. Tengo tiempo todavía.